El pasado 4 de marzo, A Coruña acogió el Foro de Diseño en las Obras Públicas, una jornada organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos que reunió a profesionales, especialistas y representantes del sector para reflexionar sobre el papel del diseño en las infraestructuras y en la transformación de los espacios públicos.
El encuentro sirvió para poner sobre la mesa una idea cada vez más presente dentro de la ingeniería contemporánea: las obras públicas ya no pueden entenderse únicamente desde la funcionalidad técnica. Hoy, aspectos como la integración paisajística, la experiencia de uso, la sostenibilidad o el impacto social forman parte esencial de cualquier proyecto.
A lo largo de la jornada participaron profesionales de distintos ámbitos de la ingeniería y la arquitectura, que compartieron experiencias relacionadas con puentes, infraestructuras lineales, integración paisajística y diseño estructural. Las distintas intervenciones coincidieron en señalar la importancia de desarrollar obras públicas más sensibles con el entorno y mejor conectadas con las personas.
Entre las intervenciones destacó especialmente la participación de nuestra compañera de Ingeniería Zero (IngZero), Ana Lorea, quien aportó una visión muy conectada con la importancia del diseño dentro de la cultura de la ingeniería.
Durante su exposición, Lorea defendió que diseñar y proyectar no son procesos separados, sino parte de una misma forma de entender la profesión. Según explicó, el diseño debe formar parte del ADN del ingeniero y abordarse desde una metodología sistemática y consciente, no como un elemento secundario o puramente estético.
Una de las reflexiones más interesantes de su intervención fue la definición del ingeniero como un “doble agente”: alguien que no solo crea y proyecta infraestructuras, sino que también las utiliza y convive con ellas. Desde esa perspectiva, defendió la necesidad de pensar las obras públicas desde la experiencia cotidiana de las personas, entendiendo cómo afectan realmente a quienes viven los espacios.
Lorea también reivindicó una idea muy ligada a la filosofía de IngZero: el buen diseño es aquel que prácticamente pasa desapercibido. Frente a infraestructuras que irrumpen de forma agresiva en el paisaje, abogó por una ingeniería capaz de integrarse con naturalidad en el entorno, aportando sentido y funcionalidad sin imponerse visualmente sobre el territorio.
Lejos de plantear un discurso únicamente estético, Ana Lorea realizó además una firme defensa de la técnica y de la excelencia ingenieril. Según explicó, un diseño de calidad es aquel en el que las limitaciones tecnológicas no resultan evidentes para el usuario final. La técnica debe ser tan sólida que permita que la infraestructura se perciba como algo natural, fluido y equilibrado.
Además de participar como ponente, Ana Lorea moderó durante la tarde la mesa redonda dedicada a las “Obras Lineales”, que contó con la participación de especialistas como Jaume Guardia, Héctor Beade y Santiago Hernández. Durante la sesión se debatieron distintos enfoques sobre el diseño de puentes, estructuras e infraestructuras complejas desde perspectivas tanto técnicas como estéticas, abriendo un diálogo muy enriquecedor sobre los retos actuales de la obra pública.
Durante el foro, Lorea también defendió la importancia de visibilizar la autoría de los proyectos, no desde una cuestión de notoriedad, sino como una forma de reforzar la responsabilidad profesional. Según señaló, cuando los ingenieros vinculan su nombre a una obra existe una mayor implicación en la calidad y en el cuidado de las soluciones planteadas.
Otro de los temas sobre los que alertó fue la creciente aparición de “proyectos pobres”, desarrollados con tiempos y recursos insuficientes. En su intervención advirtió de que la falta de reflexión y maduración técnica termina derivando en soluciones más débiles y abiertas a continuas modificaciones posteriores, reivindicando la importancia de dedicar tiempo al pensamiento y al desarrollo riguroso de los proyectos.
El foro dejó una conclusión compartida entre los asistentes: el diseño ya no puede entenderse como un elemento accesorio dentro de la ingeniería. Las infraestructuras condicionan la manera en la que vivimos, nos movemos y nos relacionamos con el entorno, por lo que pensar en ellas desde una perspectiva más humana resulta cada vez más necesario.
La participación de IngZero en este encuentro refuerza precisamente esa manera de entender la ingeniería: una disciplina donde la técnica, el diseño y la sensibilidad hacia el territorio deben avanzar de la mano para crear infraestructuras más coherentes, funcionales y respetuosas con las personas y el paisaje.